Res Vini es un blog sobre el vino y su cultura, es decir, sobre enología, gastronomía, literatura, historia, filosofía y arte.

Equilibrismo o delirio


Cuando vi la etiqueta de los vinos de Ca N'estruc me acordé de un documental que ganó un Oscar no hace mucho que se titulaba "Man on Wire". El film trataba de un equilibrista (Philippe Petit) que cruzó las torres gemelas de NYC de forma clandestina y para la admiración de todos.

Pensaba yo catando este vino que si los dos podían tener algún tipo de relación precisamente en el equilibrio. Uno siempre piensa en la relación con las otras uvas que componen el vino, pero éste es monovarietal. Así que seguí pensando en equilibrios hasta que me di cuenta de que para ser equilibrista hay que estar desequilibrado. Y, precisamente, ahí estaba la respuesta: este Equilibrista huele más a pinot noir que a garnacha. En esto radica su arte, su atractivo.

Aunque para muchos creerse otro o querer ser admirado es una patología llamada delirio, gracias a personas como Philippe Petit o, porque no, el tinto Equilibrista, pensamos que la grandeza está en hacer cosas fuera de lo común, arriesgadas, a pesar que sea para que los admiremos, pues en cierto modo estos desequilibrados se lo merecen.

Enlace a "Man on Wire"
Enlace a L'Equilibrista

El pícaro de Tormes


La bodega Matsu nos propone una redición del precursor de la picaresca, El Lazarillo de Tormes, esta vez, sin embargo, debidamente despalillado, estrujado y fermentado. Su vino joven llamado “El pícaro” es un vino tan goloso como un vino de misa y tan fresco como un revolcón en un pajar. Aunque esta comparación sea digna de una persecución inquisitorial, prefiero no guardar el anonimato como hizo el autor de El Lazarillo, el cual se atribuye precisamente a un clérigo que no se dio a conocer por las consecuencias que cabía esperar en pleno s. XVI.

En el mismo Lazarillo encontramos curiosos pasajes sobre el vino, como el que con una pajita larga de centeno sorbe vino del jarro del ciego. Pero lo interesante de la obra, no es el vino en sí, sino que abre las puertas al realismo literario después de idealizantes y mojigatas novelas caballerescas, tal y como ha venido sucediendo en el mercado vinícola. Las bodegas Matsu apuestan por vinos reales, ecológicos, sin los aditivos ni los químicos que a modo de efectos o defectos especiales se habían introducido en la botella en desmesura durante las últimas décadas. Buena prueba de las intenciones de la bodega es su etiqueta, con fotos de personas “reales” mirando a los ojos del consumidor.

Si quieren darle de comer a “El pícaro” les recomiendo unas migas, una pizza con algún embutido, un pollo o conejo a l’ast o incluso un kebab. Comida pícara y sin complicaciones para el Lázaro tinto.

Enlace a "Matsu"

Una botella muy especial


En el epílogo del libro Menú degustación (Ed. Península) del filósofo Manuel Cruz, pone de manifiesto uno de los dilemas más grandes de los afortunados que atesoran un botella muy especial (el caso concreto habla de un Vega Sicilia) que aguarda un acontecimiento de la misma talla para ser descorchada.

El ejemplo autobiográfico en cuestión, nos hace reflexionar sobre la dificultad que entraña encontrar ese momento, ya sea por la pérdida de la capacidad de emocionarnos a estas alturas de la vida, o, porque en realidad no sabemos a ciencia cierta qué clase de acontecimiento es el que debería ser clasificado como detonante indiscutible. Esperamos y esperamos a que ese acontecimiento llegue, como hacemos con el amor de nuestra vida, compara el autor. Sin embargo, tenemos que preguntarnos si realmente somos capaces o estamos preparados para amar (o querer atribuir la importancia justa a un acontecimiento determinado).

Al final, como una metáfora, el vino estaba picado: se nos pasa la vida aguardando ese algo extraordinario que no termina de pasar y perdiendo toda posibilidad de disfrutar el momento presente. Pues en realidad, descorchar un Vega Sicilia es ya en sí un acontecimiento excepcional, no habría que buscar motivos ajenos al mismo descorche. Para acabar, quisiera mencionar un dato curioso. En las páginas de Menú degustación encontré manchas de vino en el margen de corte (ver la foto), cosa que me alegró mucho y decidí seguir el consejo del lector que me precedió, tomar vino mientras proseguía la lectura filosófica.

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Espumoso rosado


Me gustaría hablar, o más bien elogiar, uno de los vinos más versátiles que conozco. El espumoso/cava/champaña rosado. Es lo que sería un Joker o Comodín en la mesa, cuando la elección de un vino se hace difícil por la variedad de platos de nuestros amigos en un restaurante o, porque, en realidad, no sabemos qué elegir para maridar. El espumoso rosado no es ni tinto, ni blanco, ni tampoco rosado, pues está fermentado dos veces. Tampoco no es un vino dulce ni un vermut, sino todas estas cosas juntas. Un vino de comienzo a fin para todo tipo de comidas, así como también para degustarlo sin ellas, como un momento de relax, para leer, conversar o incluso tomar una copa en un local de moda.

Mi recomendación es que sea muy seco y de la uva Pinot Noir. Aunque hay muchas posibilidades, la Anna de Codorniu, por su relación calidad/precio, es muy interesante. Además, se encuentra en la mayoría de supermercados de la península y en bastantes cartas de restaurante.

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BBB


Se podría afirmar, sin equivocarnos demasiado, que todo vino a partir de 10€ es bueno o muy bueno (si ha estado conservado en condiciones óptimas). A medida que vamos bajando, la cosa se complica aunque no es difícil encontramos gratas sorpresas, pero, cuando llegamos a la cifra de 3-4€, el consumo de vino puede llegar a se un deporte de riesgo.

A mi me gusta practicar este deporte, quizás por masoquismo o por mi vena exploradora, y la verdad es que más de una vez ha tenido que decantar el contenido en el desagüe tras el primer sorbo (hay que llegar al final de la cata aunque el olor nos advierta lo contrario).

Aunque parezca imposible, hay más vinos buenos en esa franja que indicios de vida en Marte. Entre ellos pueden ser la Flauta de Bartolo (Jumilla), Coto de Ibedo (Ribeiro), Ramón Roqueta (Bages), entre otros. Mi recomendación de las tres Bs (Bueno, Bonito, Barato) es para el vino para el vino de la cooperativa de Falset, que a poco más de 2€ todavía da la talla.

Comer de pie con vino


No hace tantos años, comer de pie con vino decente era coto de algunas bodegas. El resto de establecimientos te servían un vino agrio de bota (que ni era útil para decoración) con tanto sediemento que parecía un café turco.

La popularización del consumo de vino, ya no como bebida elitista o de viejo, ha llevado a muchos bares y fastfoods a tener vinos en sus menús. Vinos sin pretensiones pero más que aceptables para el que gusta de acompañar un "bocata" rápido con un tinto joven en el centro de la metrópoli. Aquí os muestro mi consumición en el Conesa, un establecimiento emblemático en la plaza Sant Jaume de Barcelona, que ya apuesta por el vino para sus clientes.

Enlace a "Conesa"

Cicerón

"Los hombres son como los vinos: la esdad estropea los malos y mejora los buenos."

Maridajes #9: leviatanes


"Leviatán" es una palabra hebrea que aparece en el Antiguo testamento para designar una bestia marina, relacionada con Satanás. Dentro del grupo de leviatanes yo incluyo a calamares, pulpos, crustráceos y otros bichos que la ciencia tiene bien clasificados pero que yo agrupo en la categoría de monstuos marinos, por lo feos y peligrosos que parecen.

Sin embargo, una vez en la mesa, los amenazantes tentáculos, pinzas o caparazones se convierten en apetitosos, jugosos y sublimes manjares. Estos fantasmagóricos bichos son muy dóciles para maridar y les encanta nadar en vino blanco. Yo recomiendo casi toda la gama, al gusto de cada uno, pero si me piden consejo, les voy a dar dos recomendaciones muy personales. La primera, el oporto blanco, sobre todo si el monstruo está condimentado o aderezado con especies algo picantes. La segunda opción es el Sauvignon blanc, y, aunque no es ninguna novedad, a veces se nos olvida beber esta variedad tan fresca y ligera para la ocasión.

Maridajes #8: pizza


Las pizzas son una comida histórica del Mediterráneo con una base de pan redondo que se dice la introdujeron los persas. Sin embrago Italia, o más concretamente, Nápoles ha tenido el honor de exportarla a todo el mundo adquiriendo gustos y variedades locales.

La más conocida es la Margarita en honor a la emperatriz. Ésta distingue tres colores: mozzarella (blanco), tomate (rojo) y albahaca (verde); aunque en realidad cada uno le pone los ingredientes que más le apetecen, incluso la deliciosa rúcula por encima.

A pesar de ser considerada una comida rápida, la pizza es un plato muy sano sobre todo si se prepara en casa, puesto que se cuece al horno, con ingredientes frescos y sigue al dedillo la pirámide de la nutrición: cereales, verduras, lácteos y carnes (en orden de mayor a menor).

Para las pizzas yo recomiendo tintos jóvenes o con poca crianza y algo frescos de Cabernet, Garnacha o Tempranillo como el Imus, el Sangre de Toro, el Magnolia, el Gran Feudo o el Enate, por poner un ejemplo. Aunque hay quien prefiere los blancos, los Lambruscos o incluso un Martini (sic), por la variedad de sabores que tiene la pizza les recomiendo que se pasen al tinto. Si pueden conseguir uno italiano, mi recomendación es que sea de la zona de los Abruzzos hacia el sur.

El vino está de moda


Con esta frase "el vino está de moda", una bodega del barrio barcelonés de Gràcia promociona su surtido enológico. En efecto, el vino es desde hace algunos años de lo más trendy. Las bodegas se han lavado la cara y ya no son esos lugares sórdidos con olor a moho e iluminación en clave baja.

Las bodegas actuales recuerdan a una boutique de cosmética, con productos que rejuvenecen a quien los bebe o de obsequios culturales para los que no saben qué regalar en los cumpleaños de sus amigos de la inteliguentsia. Personalmente, me parece muy bien este cambio de actitud, aunque a veces lleve asociado también un aumento del precio injustificado de los vinos.

La moda tiene su lado positivo y negativo. Si el vino está de moda significa que habrá más y mejores productos, así como también más cultura y difusión. Por el contrario, la moda puede marcar demasiado lo que se consume, discriminando arbitrariamente a los vinos que no encajen con los deseos actuales, u otra cosa peor, que la moda del mismo vino pase, y volvamos a los tiempos de indiferencia y rusticidad.


Somos lo que comemos


"Somos lo que comemos" es una afirmación tan popular que aunque no esté muy fundamentada científicamente, es bastante plausible. En este país, el cerdo es el Rey indiscutible de la mesa y nosotros lo ingerimos de mil formas distintas sin desperdiciar nada. No sé si genéticamente evolucionamos hacia este animal, pero lo que es cierto es que sus células pululan por nuestro aparato digestivo habitualmente y son absorvidas por nuestro organismo.

La cultura tradicional catalana tiene un dicho que asocia el sacrificio del animal con el descorche del primer vino, el vi novell: "per Sant Martí, mata el porc i enceta el vi". Esta fecha corresponde al mes de noviembre, cuando la sangre del cerdo se decanta como el vino nuevo. La fiesta de la matanza se riega de ese color sangre, de cánticos y gritos de dolor, de trabajo en familia para preservar la carne del animal en embutido para los meses de carencias.

Para honrar a tan repudiado animal, los del Celler El Masroig, sacan un vino "novell" conmemorativo delicioso con la tipicidad del Montsant. Un vino que hay que terminar antes de cuaresma pues es cuando su esplendor es capaz de alumbrar con mayor intensidad.

Enlace a "Vi novell"


JTQ + Vins de Taller


The James Taylor Quartet es una banda de jazz-funk británica con mucha historia. Fundada en 1988 por James Taylor, un teclista Hammond, siempre ha tenido un directo extraordinario y unos discos aún mejores. La JTQ se compone de órgano, guitarra, batería y bajo a los que se une una sección de vientos (trompeta y saxo) y vocal femenina en ocasiones. Tienen en su haber los temas de la película Harry el sucio y de la serie Starsky y Hutch, entre muchos otras versiones de los sesenta. En los 90, la banda se decantó por el soul y el acid jazz que estaba de moda en Inglaterra llegando a entrar en las listas de TOPs.
Aunque su música parte del espíritu sesentero con el sonido del órgano Hammond, la banda ha sabido integrar perfectamente los ritmos de jazz más ácidos y las melodías soul más balsámicas, esculpiendo un estilo propio muy marcado y bailable, tanto, que se hace difícil sentarse a escuchar un disco de la JTQ con una copa en la mano.
Sin embargo, antes de ponernos a mover el esqueleto, bien puede ser que descorchemos un vino. Éste tiene que ser dinámico (por el ritmo), con aromas de fruta y especies, pero, al mismo tiempo, tiene que tener un toque de retro, ligeramente resinoso-oléico (por el órgano omnipresente), y también algo de madera, pero no mucho, que le confiera un acento a vainilla (por el estilo aterciopelado). Os voy a proponer un Merlot de l'Empordà, el Geum de Vins de Taller. Cuidado, la JTQ es adictiva!

Enlace a JTQ
Enlace a "Geum"

Las edades de un Rioja


Hay una bodega en la Rioja que es admirable por preservar su patrimonio familiar y enológico, así como también son admirables sus vinos envejecidos, me refiero, lógicamente, a la bodega R. López de Heredia.

Los vinos que salen de este monumento-bodega como el Tondonia o el Cubillo son canosos y albergan mucha historia encerrada en el cristal de la botella. Una historia no sólo de una fruta que se convierte en vino, sino de un lugar, de una cultura, un pueblo dedicado al milagro de la uva. Una historia que leemos en cada agitación de copa, como desenroscando el vino o como si leyéramos los nudos de un árbol en los que cada edad perece tener un aroma.

Los vinos envejecidos siempre hay que desnudarlos en un decantador para no perder detalle de su anatomía. Yo descorché un Cubillo de 2004 y ya en la copa, sin agitar, comenzamos percibir la piel curtida. En la primera vuelta salió la nuez moscada, la carne y algo de regaliz. Después de unos minutos, en las siguientes agitaciones sale la pintura, notas de cedro, un poco de manteca, más tarde, agitándolo más salió el espárrago, el higo y el membrillo. A cada vuelta, retrocedemos en el tiempo hasta su estado frutal, aunque ya pasificado. El desorche es como el límite de la expansión máxima del universo de un vino y es cuando comienza a contraerse volviendo a sus inicios, a la baya.

Enlace a "Viña Cubillo"

Vermeer: el vino y el adulterio


Este lienzo del barroco holandés se titula Dama con dos caballeros, pintado por Vermeer sobre el 1659. En éste se muestran cinco elementos clave para su interpretación: una dama apartando la vista de un caballero que le ofrece una copa de vino, una ventana con un vitral, otro caballero en el fondo y un cuadro que cuelga de la pared.

Las obras del pintor holandés albergaban contenido moral mediante una serie pistas que sus contemporáneos comprendían sin problemas pero que ahora nos cuesta reconocer. Por una parte, en el barroco no se veía con buenos ojos que las mujeres tomaran alcohol y rostro de la protagonista pacere estar a punto de sucumbir ante la copa. Por otra parte, el resto de elementos delatan la situación en la que se encuentra la dama, previo a cometer adulterio. El hombre más próximo está reverenciándola, cortejándola. El vitral de la ventana representa la Templanza, la represión de los afectos, pero está abierta. El retrato se entiende como el marido de la dama y el hombre del fondo aparta la vista de la escena.

Esta obra posee los rasgos típicos de Vermeer: interiores, protagonista femenina, posición en planos paralela respecto al espectador y escenas cotidianas aparentemente sin trascendencia. Lo más curioso resulta la importancia femenina en sus obras y se debe a que el pintor vivía rodeado de mujeres: su esposa, sus diez hijas, criadas, suegra, etc. y es probable que sus modelos estuvieran dentro de esta lista. Vermeer las pintaba a menudo solas, absortas, en ambientes domésticos, siempre bañadas por una luz focal desde una ventana.

una cita con la Bertha


En el universo como en el cava hay tantas constelaciones como productores en el Penedés. Casi todos brillan mucho con sus tres estrellas (xarel·lo, parellada, macabeu) pero hay algunos que lo hacen con mayor intensidad, este es el caso del Bertha, un cava que por su relación calidad/precio debiera estar en las cartas estelares (al menos en los restaurantes).

Bajo la luz de las estrellas del final del verano me cito con la Bertha en Barcelona, en un restaurante innovador con unos amig@s. A pesar de tener nombre de obús alemán, la Bertha ha venido con unas burbujas de finas perlas y se ha perfumado de manzana, flores silvestres y un toque de bollería de leche. Estaré con ella toda la velada, de aperitivo hasta el postre, y después... ya veremos qué más, tal vez caiga otra botella.

La Bertha es desenfadada, amable y educada. Uno se puede divertir con ella hasta altas horas de la noche o incluso esperar a que amanezca hablando, riendo, picando unos canapés, escuchando música o haciendo lo que a uno le haga sentir enamorado de la vida.

Maridajes #7: las setas


Quizás sólo sea un capricho de la naturaleza pero da la casualidad que la uva y las setas se recolectan a finales de verano y en otoño. Precisamente, en esta pintura de Arcimboldo aparece una seta rodeada de racimos de uva así como también entre otros frutos y verduras de temporada. Esta casualidad vegetal de los países con estaciones podría considerarse una cita ineludible para la enología y la micología.

El problema surge porque hay tantas variedades uva con las que se vinifica como tantos tipos distintos de setas y formas de prepararlas, y, por lo tanto, el maridaje entre los dos resulta complejo, especialmente, si la seta es el acompañamiento del plato principal como en el caso de las carnes o legumbres.

Para no complicar el asunto ya que este blog existe para orientar al degustador y facilitarle la vida, yo le recomendaría un vino afrutado, ligero y delicado, como una seta. Para mí los caldos (vi novell, vin nouveau, vino novello), con los que se suele celebrar a finales de noviembre (en el hemisferio norte) el primer vino de la cosecha anual, son los vinos más versátiles en un soliloquio de setas como también vistiendo otros platos, tanto para las setas más frágiles como las más pesadas.

Kierkegaard: "in vino veritas"


Tal y como hacía Platón en El Banquete, Soren Kierkegaard escribió su In vino veritas en forma de diálogo, en este caso de sobremesa, en el que se hablaba del amor y, en concreto, de las mujeres con un telón de fondo vinífero.

El filósofo danés contemplaba tres modos o estados de vivir la propia existencia: el estético, el ético y el religioso. De menor a mayor, cada avance a una de estas concepciones de la vida suponía un progreso espiritual.

Si bien es cierto que muchas personas se quedan en un estadio estético, anquilosados en los placeres de la vida, hedonistas compulsivos sin ambición moral o espiritual. No es verdad que uno no pueda ni deba anhelar el placer estético en un estadio superior. En efecto, me parece que ese placer estético, a medida que vamos ascendiendo, se va refinando más convirtiéndose en algo sublime. Decía Kierkegaard que sólo ante Dios uno consigue la plenitud humana, que ahí está la verdad, ergo, el vino debe tener algo de divino, pues de lo contrario sería una herejía afirmar que en el vino también está la verdad así como tampoco podría ser un elemento central en la liturgia.

El vino es un placer estético metafísico. Su disfrute se basa en mayor medida en percepciones tan sublimes como son la coloración y el aroma. Para mí no hay diferencia entre escuchar una composición musical, admirar un cuadro o degustar un vino. Todo ello es arte y como decía Gerardus van de Leeuw: "la religión y el arte son líneas paralelas que se cruzan sólamente en el infinito, allí donde se encuentran a Dios". Así pues, el disfrute del vino podríamos situarlo en el estadio religioso según la clasificación de Kierkegaard.

Sangre y vino

Esta película es indispensable para los amantes del cine negro. Tiene como intérpretes un abanico de estrellas como Michael Cain (Premio en San Sebastián) que sostienen la tensión y el ritmo intenso.

El film mezcla el negocio de la importación de vino en Miami con un robo de guante blanco que se interpondrá entre el matrimonio y la amante del protagonista, Jack Nicholson. Disfruten la película con un vino noir yanqui, pues el género lo require, como por ejemplo un Pinot.

Vinos y el H2O


Si el vino está compuesto básicamente por agua, por qué debería importarnos si alguien le echa un poquito más o, como en esta foto se muestra, si alguien incluso le echa cubitos de hielo.

En realidad, y sin caer en relativismos, cada uno toma el vino como quiere o puede. Mezclar el vino con agua es un sacrilegio que hace estremecer a los puristas y retorcer las entrañas a los ortodoxos, pero, para muchos, el vino no deja de ser zumo de uva fermentado y como otros zumos de frutas puede ser mezclado con otros zumos, agua, gaseosa o leche, como se da en el caso de la sangría.

No hace tanto tiempo, los campesinos se llevaban las botas y botijos a su trabajo con una mezcla de agua y vino, para ir recuperando líquido sin emborracharse durante la jornada. El agua sola hidrata pero tiene pocas sustancias que tonifiquen el cuerpo, es por eso que la combinación con vino aumenta a esa mezcla su sabor insípido y virtudes alimenticias. Así pues, que cada uno obre de acuerdo con su conciencia y moral.

Viña roja, viña verde


La obra Viña roja es la única pintura que Van Gogh vendió en vida, por un valor de 400 francos. Fue realizada en Arles en la última década del s. XIX para una exposición en Bruselas del grupo Los XX. Se muestra una vendimia ya entrado el otoño al aterdecer. Aunque Van Gogh está enmarcado en el posimpresionismo, por su estilo empastado y colorista, Viña roja nos muestra un coletazo del realismo. El trabajo duro, de Sol a Sol, y doblado para vendimiar queda reflejado en este lienzo. Pues la mecanización de la viña ha supuesto que la recolección de la uva a mano sea cosa ya de un pasado en el que familias enteras migraban para ganarse el jornal revenrenciando la vid en jornadas interminables. Y por mucho que la paleta bucólica de rojos y amarillos y ocres nos hagan pensar en un antaño romántico, éste no fue así.

La obra Viña verde es más sobria y triste que la anterior. El viñedo se muestra de día y con las cepas visiblemente enfermas. Precisamente, a finales del s.XIX, la filoxera atacó el viñedo francés produciendo daños irreparables para la viticultura europea. En su estancia en Arles, Van Gogh fue paulatinamente introduciendo sus estados emocionales mediante el color, a diferencia del estilo impresionista, que lo hacía como una mera observación y exaltación de la luz. Viña verde, a parte del problema de la filoxera, refleja un estado depresivo y decadente por parte del autor ya que su salud iba empeorando, hasta que el artista murió pocos años depués de realizar estas obras.

Miles + Mas La Plana


Como ya dicho, me encanta buscar maridajes entre música, literatura y vinos. La técnica es dialéctica, es decir, a veces pincho un disco primero y luego elijo el vino o, viceversa, me sirvo una copa y luego busco música que lo acompañe.

Uno de mis artistas preferidos es Miles Davis, un músico sin parangón, renovador y fusionador. Empezó con el jazz y acabó en la electrónica, nunca abandonando su trompeta. Mi elección para disfrutarlo es el Mas La Plana, un tinto execelente y perfeccionista como el mismo Davis. En este Cabernet encuentro la suavidad y la intensidad del músico, es sublime y delicado pero sin perder ese poderoso vitalismo que caracterizaba al trompetista.

Para los que no conozcan mucho a Miles Davis, les recomiendo un disco, Circle in Round, que salió a la luz en 1979 como el Mas La Plana. Este vinilo fue una recopilación de grabaciones muy dispersas desde 1955 a 1970 y en el que participaron músicos de la talla de Coltrane, Evans, Adderley, Shorter, Hancock, Corea, entre otros. En el transcurso del disco verán la evolución del estilo de Davis y podréis ver la importancia que tiene el hecho de cambiar para enriquecerse, como el mismo vino.

Enlace a Guinnevere (Circle in Round, 1979)

Tokaji, el oro magiar


La leyenda cuenta que el Tokaji tiene su origen en los viñedos de los príncipes transilvánicos por allí el siglo xvii. Hoy en día existe una región en el nordeste de Hungría con el que se denominan unos vinos que Luis xiv los bautizó como: "el rey de los vinos, el vino de los reyes".

El Tokaji se elabora a base de uvas de vendimia tardía de las cepas Furmint, Hárslevelü, principalmente, atacada por la botrytis. Con esas bayas se hace una pasta llamada aszú que mezclada con vino blanco en distintas proporciones (se numera en puttonyos 3-4-5-6) dan al vino una mayor o menor dulzor. Cuando el vino está elaborado a base de la lágrima de la pasta aszú, entonces lo llaman Eszencia. Una vez mezclado el aszú con el vino, comienza la vida del Tokaji, con una larga y lenta fermentación, y después una reducción en botella.

El dulzor del Tokaji es muy particular y complejo. Se dice que no cansa como otros vinos dulces y es que tiene el color del oro, huele a tarta de Santiago y sabe a limón macerado con miel. Hay que disfrutarlo bien frío y mejor entre horas, para beberlo sin mezclar con la comida, o después del postre que bien pudiera ser una tarta Sacher para rememorar en el paladar aquel Imperio austrohúngaro. Para mí, hay una hora especial para este vino y es entre 5 y 7 de la tarde, dependiendo si es invierno o verano, cuando uno termina de trabajar, empieza a caer la noche y corre una brisa fresca que lo incitan a relajarse.

Más que un "bitter"


La frambuesa es una baya rojiza y silvestre que tiene propiedades térmicas considerables. Su jarabe se usa para curar resfriados y catarros, que son una de las peores calamidades que pueden sufrir los vinófilos puesto que anulan la percepción total de las sensaciones olorosas y gustativas.

Precisamente, este vino castellano huele de forma delicada a jarabe de frambuesa pero, por suerte, es seco, a diferencia del remedio. Posee un ligero y agradable sabor amargo que bien enfriado yo lo bebo como aperitivo estos días de verano. También uno puede seguir tomándolo durante la comida si marida bien con los otros platos pero, sobre todo, es en el aperitivo donde despliega sus virtudes, con minitostas, berberechos, aceitunas u otros enlatados varios.

Además, el Tombú posee una estética muy particular que me recuerda al remedio casero natural pero envés de curarme el frio del cuerpo, me cura fabulosamente los calores meridionales.

Enlace a "Tombú"

Maridajes: #6: la paella


La paella, deliciosa paella. Plato de extraordinarios colores y sabores, que se prepara de carne, pescado, mariscos, verduras o la mezcla imposible de cualquiera de ellos. Con su inconfundible aroma de azafrán, de notas pimientadas y caldosidad al gusto. La paella es el monumento ibérico de la mesa mediterránea, para el rico y el pobre, para el menú de los jueves y para el picnic veraniego al que acuden moscas cojoneras.

Este plato de arroz es tan maravilloso que admite lo que quieras, blanco, rosado o tinto; joven, con crianza o a granel. Da igual con qué la acompañes, la paella lo acepta todo. Elige el vino que más te guste y adelante que ella no te lo va a aguar. El arroz es lo más fácil de maridar y casi nunca te va a complicar la elección. Fíjate qué es lo que le gusta tomar a tus invitados, qué tiempo hace o qué te quedó abierto en la nevera del día anterior.

Como decía mi abuelo: "lo más importante es que se acaben hasta el último grano en silencio", esto significa que es del agrado de los comensales lo que ofreces en la mesa, como en la foto que muestro una paella rebañada hasta el metal. Así que, no te preocupes del vino, sino del arroz, que te quede en su punto y muy gustoso.

Cuento de otoño


En la poca filmografía vinícola se encuentran aún menos films de arte y ensayo o "de autor". Cuento de otoño forma parte de la tetralogía de las estaciones del año de uno de los más célebres directores franceses, Eric Rohmer.

Éste es un film clásico donde los personajes construyen un argumento pausado e introspectivo que habla sobre la madurez, el amor, la soledad, el orgullo, y todo esto, en una escenografía vinícola del valle del Ródano.

Cuento de otoño no es para todos los gustos, sino para los más cinéfilos pues la trama se va escanciando lentamente y, como los vinos de guarda, los aromas son muy pulidos. Beban una copa de un vino de la misma región para acompañar la proyección ya que la sugestión será inevitable.

Enlace a Conte d'automne

Maridajes #5: guacamole


De origen mesoamericano, el guacamole es una salsa hecha con aguacate, tomate y chiles a la que se puede añadir limón, cilantro, cebolla, vino blanco u otros aderezos. En México, se toma con carnes y tortillas, como acompañamiento, pero en otros lugares del mundo se suele tomar como plato en sí. Tradicionalmente, el aguacate se machacaba en un reciente hecho de piedra volcánica poco porosa que se llama molcajete, parecido al mortero, y las tortillas se preparaban en metates como muestra esta obra de Diego Ribera, el gran pintor y muralista social.

Mi elección con el Ahuacamolli es un vino blanco ácido y joven que contrasta bien con la mantecosidad del aguacate, refresca la garganta del picante y conjunta con el limón. Yo recomendaría los vinos de estas características de Galicia como los de la DO Ribeiro, los vinhos verdes portugueses, o los vinos catalanes de las uvas Macabeo o Xarel-lo, como el Blanc Pescador. México siempre ha sido un país de acogida para los españoles, sobre todo, cuando se refugiaron después de la Guerra civil y la dictuadura franquista. Así que, un maridaje gastronómico de este tipo me parece un enlace positivo para ambos.

Uno de los problemas del guacamole es su fácil oxidación, se vuelve de color oscuro y poco apetitoso. Por ello, hay que comerlo justo después de su preparación y si tenemos que conservarlo unas horas hay que añadirle limón, dejar la semilla en la plato, taparlo con plástico y reservarlo en la nevera. Si usted se encuentra en Europa, ya se pueden comprar aguacates del sur de España, así que, mejor seleccionar el producto más próximo para evitar en exceso la contaminación por transporte.

Caps y Qualia


Se llama Qualia a las cualidades subjetivas de las experiencias individuales como la percepción subjetiva de los colores, por ejemplo, la particular rojez de un vino. Los Qualia son experiencias incomunicables y hacen referencia a la conexión inexplicable entre las cualidades de la percepción y el sistema físico que es nuestro cerebro.

"Cap de Trons" (loco, sin juicio, descerebrado) es un vino que me regaló una tonalidad difícil de expresar. La busqué en un Pantone pero no hallé una referencia exacta. Casi me volví loco, como el tipo vestido a lo Beatle de la etiqueta. Y es que este vino tiene un tono espectacular, abisal, oscuro, remolacho y cerezo. Un tono irrepetible por medios químicos como las tintas de impresión. Una experiencia subjetiva no transmisible todavía menos con palabras.

Enlace a Ferré Catasús

Maridajes #4: sushi



El plato más internacional del Japón tuvo sus orígenes en el s. II d. C. Aquí, muestro un hermoso grabado del s. XVII de uno de los más grandes artistas nipones, Hiroshige. En cada rollito o bolita de sushi se concentra todo lo que nuestro organismo necesita: cereal, proteína y verdura. Además, la estética y el sabor sutil de este plato ha conquistado en pocos años los paladares de todo el mundo.

Muchos japoneses acompañan el sushi con cerveza local, suave y clara. Yo, como soy un enófilo, lo veo desde la perspectiva vinícola, por lo tanto, para un sushi recomendaría otro líquido fermentado y carbonatado, un cava catalán joven bien enfriado. El cava es muy versátil y puede con casi todo, también con el pescado crudo, la soja y el wasabi. En realidad, la japonesa y catalana son dos culturas que se admiran recíprocamente, en la arquitectura, la literatura, la música y también la gastronomía. Así que, en la mesa, van a confraternizar con el debido respeto.

Actualmente, la popularización del sushi y las capturas indiscriminadas han hecho reducir los bancos de atunes hasta poner en peligro la especie. Por lo tanto, insto desde ResVini a sustituir el atún por la caballa. El paladar no sufrirá demasiado pues los dos son pescados azules y, además, la caballa es tan deliciosa como el depredador de carne roja.

Maridajes #3: el borscht


La sopa de remolacha es un plato de origen ucraniano muy popular en todos los países centroeuropeos y de la Europa del este. Es un plato de ricos y de pobres, cotidiano y para celebraciones como la Navidad. Existen dos variedades, la caliente y la fría. La caliente se prepara lógicamente en las estaciones frescas, a base de una sopa de verduras con carnes y las raíces de remolacha que le dan un color y sabor intenso. La versión fría se toma en verano con la misma base de la anterior pero con los primeros tallos de la remolacha y aderezada con crema ácida.

Se suele maridar el boscht con el Tokaji, un excelente vino húngaro muy elaborado. Sin embrago, este maridaje me parece más de conveniencia que por amor. Hungría es colindante con los países remolacheros y tal vez por una cuestión de anexiones políticas se haya promocionado esta unión. Personalmente, el borscht se enamoraría de un oporto blanco. Esta pareja eslavo-latina me parece de lo más sugerente y afín.

Los eslavos y los latinos, especialmente los pueblos eslavos orientales y los portugueses comparten un sentimiento muy arraigado en sus culturas, la nostalgia, presente en su música y literatura. Para ilustrar esta entrada de ResVini, os presento un lienzo de Repin en el que se muestra a Tolstoi arando la tierra, tal vez un campo de remolachas. Un pequeño homenaje a este profeta literario y a su cultura de eslava que nos ha ofrecido grandes textos y grandes platos.

Panero: poeta del alcohol y la locura


Leopoldo María Panero es un poeta español, maldito y de culto. De estirpe franquista se situó en la izquierda radical, lo que le costó el encierro. Su obra es copiosa y reconocida. Estuvo recluído en psiquiatricos y fue un habitual de los narcóticos y del alcohol. Panero es un Beat a la española y tal vez el poeta contemporaneo más admirado.

Uno de sus poemas más importantes y paradigmáticos de su obra, La canción del croupier del Mississippi, habla sobre su excesiva relación con el vino (y otros alcoholes). He aquí un fragmento:

Y es que no hay otra comunión
ni otro espasmo que este del vino
y ningún otro sexo de mujer
que el vaso de alcohol besándome los labios
que este vaso de alcohol que llevo en el
cerebro, en los pies, en la sangre.

Tal celebración de malditismo hay que acompañarla con vino, pues no hay nada más triste que beber solo. Lean y beban (con moderación) con y por Leopoldo ya que los grandes poetas no son como las añadas excelentes que se repiten a menudo. Grandes añadadas de poetas suele haber muy pocas en un siglo.

Enlace a "El desencanto" de J. Chavarri.

Maridajes #2: los pepinillos y las alcaparras



Siempre me han dicho que evite la ingesta de pepinillos y alcaparras ya que su sabor agrio es capaz de asesinar al vino a sangre fría. Estos alimentos son capaces de estropear la percepción del líquido en boca, anulándolo y sin poder apreciarlo.

Pero yo adoro los pepinillos y las alcaparras y también adoro tomar algún vino en el aperitivo. Algunos se pasan al vermut, otros al oporto, otros hacen muecas tomando un tinto y fingen que no pasa nada. Yo he descubierto que lo mejor es un vasito chato de moscatel bien frio (4°C). Los pepinillos tienen un olor a vainilla y nata que me conjuga a la perfección con la miel del moscatel, y el sabor agrio es neutralizado por el dulce del vino.

Lo que acabo de proponer es una herejía ya que los exegetas del vino rehúsan tomar vino dulce antes de la comida. Dicen que lo dulce disipa el hambre pero lo cierto es que, en realidad, eso únicamente depende de las cantidades que tomemos y del apetito.

Maridajes #1: el pan



“Con pan y vino, se hace el camino” recoge el refranero sin un significado unívoco. Hay quien afirma que se refiere que con poco se vive, otros, que hay que ser previsores. En todo caso, en las culturas mediterráneas estos son los alimentos más sencillos y venerados, y, algunos creen que son suficientes para que el organismo pueda sobrevivir.

Este maridaje es el más conocido y simbólico porque Jesucristo lo ofreció a sus discípulos en la última cena. El pan es el cuerpo, el vino la sangre del hijo de D-os. Sin embargo, en mi opinión el pan se casa mejor con el vodka que con el vino. Éste se produce mediante la destilación del cereal, especialmente del centeno, y es por esta razón que una rebanada de pan con mantequilla es más afín con un vodka que con un vino.

El pan, como acompañante del vino, es mejor que sea ácimo. Yo recomiendo la Matzá judía, unas arepas colombianas o simplemente unos “palitos” de pan tostado. Aunque el trigo es más neutro que otros cereales, para acompañar al vino se puede sustituir con otras gramíneas como el maíz, la avena o la espelta. La sencillez de este alimento nos da total libertad en la elección, siempre que el vino sea tinto.

Maridajes: introducción



Debido a un gran número de peticiones, voy a abrir una sección en mi blog sobre maridajes. En la cultura del vino, se designa con esta palabra a la “química” que puede existe entre un plato y un vino, es decir, lo que popularmente se traduce a “qué vino me recomienda para…”.

Aunque yo entiendo el maridaje no sólo como relación del vino con lo gastronómico, como ya he escrito en las entradas de Res Vini, sino como cualquier posible sintonía de un vino con música, cine o literatura, he decidido ceder ante las súplicas de algunos usuarios de mi blog y dedicaré una sección a este cometido.

Sin embargo, voy a huir de las propuestas tradicionales ya que éstas son consultables en cualquier libro culinario o de enología y voy a centrarme en platos y alimentos atípicos, especialmente, los de culturas sin tradición vinícola ya que son los más olvidados en el arte de los maridajes. También quiero hacer hincapié en los “enemigos del vino” o, en otras palabras, la comida que por su sabor u olor es capaz de agriarnos el contenido de la copa.

La unión de la aves


Este gran vino es un homenaje a la paz de los pueblos representados, en este caso, por sus uvas. La composición de este blanco es un pintoresco mapa de muchas regiones vinícolas, en concreto de ocho, como son la albariño, chardonnay, riesling, macabeu, thurgau, muscat, parellada y sauvignon blanc. Unidas, forman un vino muy armóníco y apacible.

Precisamente, el nombre de este blanco presta el título de una canción tradicional catalana, El Cant dels Aucells, popularizada y arreglada por Pau Casals quien la interpretó en las Naciones Unidas en su visita a la sede como conferenciante. A pesar de ser usada como canción fúnebre, su letra versa sobre el nacimiento de Jesús, y, difrentes especies de pájaros como águilas, gorriones, garzas, ruiseñores, entre otros, cantan de la dicha por el Nacimiento.

Auzells representa esta comunión de las especies en la alegría, en la paz.


Enlace a "Auzells"
Enlace a "El cant dels ocells"

Enotecas


Hay un lugar mágico para el amante del vino: las enotecas. Repartidas por toda la geografía mundial, es en los países productores donde estos comercios son especialmente populares e importantes en su tejido cultural.

Las enotecas pueden ser de muchas maneras. Las hay modernas, clásicas y añejas de más de cincuentas años. En ellas suele haber pocas mesas, un ambiente recogido e infinidada de botellas de las bodegas más dispares y de las añadas más insospechadas. La mayoría de enotecas son de pequeñas dimensiones, pues antes crear un espacio para poder degustar el vino, éstas sólo se dedicaban a la venta a granel. Sin emabrgo, en las enotecas actuales la consigna es la misma: catar uno o dos vinos como aperitivo durante una conversación relajada con un amigo/os en un ambiente propicio.

En esta fotografía vemos una enoteca romana. Está remodelada con buen gusto en su interior pero todavía conserva un aspecto hermoso y decadente en su la fachada. Yo prefiero este tipo de enotecas a las modernas, aunque a veces el vino que se ofrece puede ser algo previsible. No obstante, para mí, la escenografía es fundalmental para cualquier situación ya que, como la música, es capaz de crear unas sensaciones muy particulares que acompañan e influencian positivamente en la consumición.

Oxímoron


Un oxímoron es una contradicción conceptual como "hielo abrasador", "un instante eterno" o "es antídoto y veneno". Es una paradoja irresoluble que nos embarca hacia un tercer concepto metafórico, unión de los contrarios.

El Losada es un claro ejemplo del resultado de esta unión antinómica: un vino duramente suave, carnoso y fresco, oscuro y brillante. Sus aromas de ciruelas están presentes tanto en fruta como pasificada y su intensidad de color contrasta con su sedosidad.

El Losada trasciende el oxímoron, es casi como una poesía mística o religiosa. Además, su etiqueta así nos lo sugiere, dos conceptos, paloma y olivo, rojo y negro, animal y planta, juntos para encontrar la paz en el vino.

Enlace a "Losada"

El triunfo de Baco


Esta obra temprana de Velázquez, expuesta en el Prado desde 1819, es popularmente conocida como Los borrachos. El pintor sevillano, con su mordaz visión de la realidad, hace una crítica al pensamiento barroco que atribuía al vino propiedades liberadoras e inspiradoras. No obstante, Velázquez compone un lienzo en el que un grupo de bebedores rancios son coronados por el dios Baco, parodiando las populares creencias anestésicas del vino.

La pintura mezcla varios estilos, uno más propio de la época, la representación del dios en la parte izquierda de la composición, y, por otro lado, una representación naturalista y nada idealizada de los borrachos en la mitad derecha. Cabe destacar el borracho que mira directamente al espectador, como si quisiera saber si somos de los que alzan el codo más de la cuenta. Además, personaje nos sonrie, como si Velázquez quisiera sacarnos los colores, aludiendo a nuestros descuidos etílicos. Otro personaje que cabe destacar es el que está de rodillas siendo coronado por Baco. Los exegetas afirman que se trata de un poeta de la época. Ciertamente, el personaje viste de forma distinta, más elegante y limpio que el grupo de secuaces pantagruélicos. Esta situación me lleva a concluir que el maestro sevillano no quiso cebarse con la crítica y salvó la creación literaria de su escarnio.

Yo, que soy un escritor compulsivo, me gusta tomar una copa (o dos si el vino es irresistible) cuando doy rienda suelta a la palabara. El vino me aviva los sentidos y me relaja, nada mejor para combatir la congoja de la hoja en blanco. Sin embargo, Dios me libre de ser coronado por Baco y comvertirme en un motivo del pesebre viviente bacuno del lienzo de Velázquez.

Enología postmoderna


Un nombre atípico, una combinación de uvas dispar, una etiqueta desconcertante y un vino de lo más excitante: he aquí un vino postmoderno, el 12 volts.

Las distintas revisiones de “la postmodernidad” la han consagrado como algo negativo, pero en este caso en particular, quisiera convertir en virtud una de las características que la denotan: desacralización y cuestionamiento de los viejos mitos (en este caso del vino) y la creación de nuevos ídolos, y el 12 volts se ha convertido en mi nuevo objeto de culto. En efecto, la etiqueta corrobora el nuevo estado de las cosas, el grafismo, obra del ilustrador Gary Baseman, muestra un texto en el idioma de Marx que cuenta las vicisitudes de la humanidad en la primera mitad de s.xx, como las guerras y las revoluciones, y sobre el texto aparecen muñequitos payaso que recuerdan al "gusiluz": todo un loable descaro, como el mismo vino.

Pero en qué radica exactamente el corrientazo del 12 volts... en su milagroso equilibrio de aromas (cereza-canela-nata), un su tono brillante y en una textura sensual. Un pastische excitante que seguro no va a dejar indiferente a nadie, incluso a los bebedores casposos.


Enlace a "12 volts"

Wine Records


Yo soy un acérrimo defensor de los maridajes entre vinos y música, ya he hablado de ello en otras entradas de este blog. La música como también el vino son dos desencadenantes infalibles de sensaciones para el ser humano. Los cognitivistas afirman que las sensaciones, a diferencia de las emociones, no pasan por el filtro del pensamiento, que afectan directamente sobre el cuerpo y sus cambios somáticos. En efecto, sin música dudo que pudiéremos vivir, es esencial en nuestras catársis cotidianas y como estimulante o relajante corporal. A mí me viene de familia, entre los que cuento músicos, melómanos y comerciantes de discos. Y es que en mi casa jamás falto la bendición de la música de todo tipo: standards, rock, jazz, bandas sonoras, clásica, etc.

Este Ribera del Duero es un homenaje al disco, al incombustible vinilo que nos ha acompañado desde hace más de cinco décadas y que aún no se ha muerto del todo. Aunque no es un vino complejo, si es muy sabroso y agradable, es como la música: "entra sin darte cuenta". Mientras lo tomaba pensé en el gran arte de las cubiertas de disco, algo ya desprestigiado por el reducido tamaño del CD, y que me recuerda a las etiquetas de vino. Una sola imagen debe de transmitir todas las sensaciones que va a producir el sonido o el líquido en el afortunado consumidor. Entre las cubiertas más memorables de la edad dorada del disco me acordé de la Andy Warhol para la Velvet Underground, todo un clásico, y también me imaginé a Lou Reed tomando una caja de botellas de este vino antes de un concierto. Larga vida al disco!!!


Enlace a "Disco"
Enlace a The Velvet Underground

Un vino marciano



Voy a hablar del Terraprima de forma muy subjetiva, para no perder las buenas costumbres. Yo resido en una zona privilegiada, entre el mar y el parque natural del Garraf. Dicho lugar es un tanto marciano ya que, la gran masa de roca calcárea que se iza justo desde la misma costa, sufre de insolación y sequedad extremas, además de ser castigada por vientos de levante y garbí. Por todo lo dicho, el Garraf es un lugar inhóspito para las plantas, animales y humanos.

Cuando uno se pierde por esta árida montaña tiene la sensación de que está en otro planeta. No obstante, estas condiciones extremas nunca son lo suficientemente duras para la vid ni para plantas aromáticas como el tomillo o el romero. Los de Can Ràfols dels Caus han elaborado, en este lugar, un vino tan marciano como el mismo emplazamiento. Mezcla de franc, garnacha y syrah, el Terraprima es un vino sin parangón. No se parece a nada conocido y tiene un carácter tan singular que podría decirse que no es terráqueo.

El Terraprima es el mismo Garraf. Su aroma me lleva inmediatamente a ese monte, con sus plantas aromáticas, arbustos, flores cimarronas y roca húmeda. Pero saboreándolo, no resulta tan abrupto como su orografía, es duramente aterciopelado. Este vino, es tan especial que la primera vez deberíamos consumirlo como aperitivo, sin mezclarlo con la comida. Ya en una segunda consumición, valdría la pena tomarlo con un xató de la zona o con un plato a base de pato.

Enlace a "Terraprima"


el vino del burro


No es normal que compre un vino por la etiqueta, y mucho menos por su nombre. Sin embargo, Cap de ruc me llamó la atención. Me preguntaba si es posible que alguien llamara a su vino idiota, ya que en catalán eso significa ser un cabeza de burro.

Tengo que admitir que el vino no es para idiotas, sino que puede darse el caso que sea idiota el que no lo compre. A un precio muy económico, este tinto supera con creces las espectativas de lo que denota. Fresco y consitente, este vino es capaz de aguantar todo plato que le den, inlcuso una zanahoria.

Actualmente, los catalanes han elegido a este animal como símbolo de su país. Aunque a muchos les pueda parecer un suicidio identitario, en realidad, no lo es. El burro tiene connotaciones negativas injustas. Se lo ha creido el pariente pobre e idiota del caballo, pero el burro ha sido el animal sin el cual el hombre jamás se hubiera convertido en sedentario. Indispensable en el campo y en el transporte interurbanos de no hace más de cincuenta años en la península ibérica, el burro ha sido un animal insustituible y eficaz. Más longevo, adaptable y resistente que el caballo, el burro también ha tenido su aportación al vino, ha transportado cestas y arrastrado carros en la vendimia durante muchos siglos. Bendito sea el burro.

Enlace a "Cap de ruc"

Un vino de Sefarad



Una de las grandes virtudes que posee el olfato es la capacidad de llevarte a otras épocas. Es la máquina del tiempo más simple y eficaz que conozco, con permiso de la música. El Peraj Ha'abib o Flor de primavera consigue hacer eso conmigo. Tiene aromas de arándanos y dulce de leche que también pueden percibirse en la suavidad de su paso por boca.

Hace años presencié un concierto de Jordi Savall y su música fue capaz de hacer lo mismo que este vino, llevarme a la misma época. Sentí que estaba en la Edad Media, o que ésta había venido a mí, aunque dicha consideración metafísica no viene al caso ahora. Me pude imaginar una encuentro de amantes en la Sefarad tolerante y plural. Allí, los enamorados bebían un Peraj Ha'abib, tan delicado y frutalmente acaramelado. Su amor trascendía el tiempo y los sentidos, como el vino y la música.

El Flor de primavera hay que beberlo sin acompañamiento gastronómico, para poder vagar por el tiempo hasta el final del concierto.

Enlace a canción sefardí
Enlace a Flor de primavera

Un buen año

Este es el título de uno de los films más flojos de Ridley Scott (Aliens, Blade Runner, Gladiator, Thelma y Louise). Sin embargo, es un film que habla de las virtudes saludables del vino: las ganas de vivir bien y en harmonía con el terruño.

Un buen año es una película para domingo por la tarde, fácil, emotiva, previsible. Russel Crowe interpreta a un broker inglés que hereda un viñedo en Francia. Su intención es venderlo pero si lo hace venderá con él su pasado lleno de afecto. Este dilema provocará situaciones cómicas y un final que se anuncia desde el principio del film.


Honeymoon & jazz


Este vino tiene nombre de balada de jazz. Una luna de miel embriagadora, pero efímera como una noche o una botella. La balada Honeymoon podría haber sido interpretada y cantada por Chet Baker, como la espléndida versión que hizo de My Funny Valentine.

El Honeymoon es un vino ligero pero muy sincopado. Tiene un color dorado pálido como los reflejos del cromado de una trompeta y un aroma de cítricos, salvia e hidromiel que recuerda a un muscat. Pero el Honeymoon es ácido, fresco y perfumado, fantástico para mitigar el calor de una jam session y renovar las fuerzas de los músicos. Si tuviera un club de jazz, lo ofrecería en mi carta.



Enlace a "Honeymoon"
Enlace a Chet Baker

Entre copas

Hay poca filmografía sobre el vino, así que, cuando hay una película que trata abiertamente sobre el milagro de la uva, nos alegramos infinitamente. Entre copas (Sideways) es un film de Alexander Payne, el director de A propósito de Schmidt con Jack Nicholson.

Entre copas es un film sencillo, sobre dos colegas que pasan una semana en la región vinícola de California antes de que uno de ellos se despose. Uno es escritor frustrado, el otro actor de culebrones, los dos forman una pareja esperpéntica con ganas de marcha y de reencontrarse como viejos amigos que son. El film es una tragicomédia espléndida para un sábado por la noche y como alternativa al fútbol.


Si fuera Drácula bebería Jean Leon


Ayer encontré una botella de Jean Leon, la última que tenían en la bodega. Estaba en un rincón oscuro y recóndito, llena de polvo y recostada en la pared de ladrillo. La botella, de más de ocho años, parecía como si me hubiera esperado ocho siglos en el castillo Nosferatu.

Después, en casa y tras el enfriamiento de rigor, descorché el tesoro del vampiro y entendí por qué Drácula la tenía guardada durante tanto tiempo. Durante largos años en botella, el vino había limado las asperezas y sabía suave como si me acariciaran con un paño de terciopelo. Los aromas eran tan cárnicos y avainillados que pensé que estaba mordiendo el cuello de una dama.

En efecto, el Jean Leon es un vino de Hollywood. Su fundador tenía un restaurante, La Scala, al que las estrellas del cine solían frecuentar. No se si algún Drácula de la gran pantalla lo visitó y cató el Jean Leon, pero para los no tan talentosos como Bela Lugosi, Klaus Kinski o Gary Oldman, qué mejor que saborear un Jean Leon para sentirse por unas copas el personaje de Bram Stoker.

Enlace a Jean Leon
Enlace a "Vampyr" de Dreyer
Enlace a "Nosferatu" de Murnau
Enlace a "Nosferatu" de Herzog
Enlace a "Drácula" de Coppola

La cata, la difícil cata


Siempre he creído que las catas son algo pedantes y un tanto absurdas. Salas clínicas y gente innecesariamente comedida como si fuéramos a diseccionar el vino, o darle una sentencia de muerte.

Se dice que las paredes deberían ser blancas o crema, con mucha luz natural, con las copas adecuadas, siguiendo un orden de análisis, etc. Todo esto para poder distinguir de uno o dos puntos entre cien la nota de un vino. Claro, sino, como íbamos a justificar esas notas tan ajustadas de las guías de los vinos: un Dofí 97, un Vega Sicilia 98. Notas tiranas que determinan injustamente los precios ya que son una parte más del maketing.

En mi opinión, las catas objetivas tienen muchas fisuras como para ser "científicas". Creo además que un vino no puede ser catado de una forma neutral ya que se escapan muchas de las sensaciones corporales que la consumición nos provoca. Creo que el vino se asemeja más al arte que a la química, ergo, la mejor cata es la subjetiva e individual.

Para mí, el mejor lugar para catar es la casa de uno. Es donde uno está a gusto y relajado. Es importante la luz pero, los mejores vinos los he consumido de noche, incluso con luz tenue de velas o chimenea. Tampoco se debe comer cosas agrias, muy grasas o ácidas con el vino, pero jamás he rechazado ni alcaparras, ni quesos, ni frutas para acompañar los vinos. Quizás, la única cosa que si me moleste son los perfumes notorios de los varones y mujeres (sic.).

Es decir, para catar, haz lo que quieras, elige el lugar y compañía que más agradable te parezca. Especialmente la compañía, eso sí que agria los vinos si no es buena. Además, una cata entre amigos es maravillosa, y si no saben de vinos mejor, ya que lo describen de una forma más espontánea como: "me recuerda al zumo de cerezas de mi madre", "huele a mi trastero", "cuando era pequeño me recosté en un campo que olía a este vino", "huele al pan fresco de mi tío".

La capacidad que tienen los sentidos de remitirnos a recuerdos de otros sentidos o mezclarlos entre sí se llama sinestesia, y es, en mi opinión, crucial en la cata. El vino se convierte en el nexo o común denominador de las experiencias individuales y podemos aprender de las experiencias de los otros. Es por este motivo que soy defensor de las catas subjetivas.

Las flores del mal



Je sais combien il faut, sur la colline en flamme,
De peine, de sueur et de soleil cuisant
Pour engendrer ma vie et pour me donner l'âme;
Mais je ne serai point ingrat ni malfaisant,


Charles Baudelaire dedicó un capítulo al vino en su poemario Las flores del mal. Baudelaire fue un poeta maldito, bohemio donde los haya y decadente, oscuramente romántico. Entregado al vicio, se dedica a hacer el mal en si mismo, una forma de autodestrucción simbólica y crítica con sus contemporáneos burgueses. Se dijo de él que era Dante de una época decadente. El capítulo Le vin contiene cinco poemas maravillosos, en los que el autor repasa el vino y sus bebedores, desde el asesino hasta los amantes.

Para estos poemas os recomiendo un vino de Borgoña. Aunque este vino os pueda parecer poco decadente, no perdamos de vista que estamos tratando con lírica y la pinot noir, uva tremendamente delicada y tradicional de Borgoña, es una buena opción. Elijan un vino caro, el que puedan permitirse, el arte sublime debe maridarse con arte sublime. Y si terminan ebrios, Baudelaire sonreirá desde su tumba en Montparnasse.